¿Es eficaz el proteccionismo?

¿Es eficaz el proteccionismo?

La apertura al comercio global ha facilitado el crecimiento de la economía y la prosperidad de la Unión Europea (UE), además de ayudarnos a ser competitivos.

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Al mismo tiempo, son muchos los países —a veces con salarios o impuestos inferiores— que compiten con Europa en industrias de escaso valor añadido que requieren mano de obra poco cualificada. En algunos casos, esto ha provocado el cierre de fábricas, la pérdida de empleos y una presión a la baja sobre el salario y las condiciones laborales de los trabajadores.

Para mantener la competitividad, la UE apoya su industria financiando, por ejemplo, la investigación y la innovación, o protegiendo productos agrícolas sensibles. Estas medidas se toman de acuerdo con las normas acordadas a nivel internacional. Si otros países incumplen estas normas, la UE no se demora en tomar medidas para defender sus empresas de la competencia desleal.

Hay quien afirma que la mejor manera de abordar la competencia extranjera es aplicar medidas proteccionistas, es decir, frenar las importaciones y favorecer la producción nacional. La experiencia ha demostrado que el proteccionismo puede ofrecer cierto alivio a corto plazo, pero nunca logra ser una solución duradera. La aplicación de tales medidas provoca un aumento de precios no solo para el consumidor, sino también para los productores de la UE que dependen de las importaciones para fabricar productos de calidad, una fuente primordial de trabajo europeo bien remunerado y de alta cualificación.

Además, el proteccionismo se presta a que otros países también suban los impuestos a las importaciones. Esta especie de «ojo por ojo» puede fácilmente conducir a una espiral descendente —como ocurrió en la década de 1930— que reduce el crecimiento y destruye el empleo, es decir, lo contrario de lo que se pretendía.

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